UNA CRISIS DE COYUNTURA AFECTA LA ECONOMIA MUNDIAL
Por: LAUTARO VIDELA STEFONI (Partido Socialista Chile)
Algunos antecedentes Internacionales y algunas proposiciones para la discusión.
Un millón y medio de familias de la clase media, en EE.UU., han dejado de pagar sus deudas hipotecarias y están en situación legal de desalojo y pérdida de sus hogares.
El efecto de esta deuda no cancelada ha impactado directamente en los Bancos, reduciendo a 0 las hipotecas denominadas “subprime” y aumentando la inestabilidad del capital financiero que se expresa en la caída de las Bolsas de Valores y la baja del dólar. De este modo, el incidente nacional, se transforma en una crisis mundial y rebota en las exportaciones chilenas.
A la situación anterior, debemos sumar otros factores: el déficit presupuestario y la deuda interna de EEUU, el crecimiento acelerado de las economías orientales en particular la economía China, el superávit de los países petroleros y el retiro anunciado de las tropas invasoras en Irak.
Con razón, Alan Greenspan, ex presidente de la “Reserva Federal” de Estados Unidos, en sus memorias, advierte sobre la posibilidad de una recesión nacional que en 2008 afectaría al conjunto de la economía Mundial. Chile no escaparía a sus efectos.
Es posible que el capital financiero y las principales naciones desarrolladas, controlen la crisis con medidas y capitales que estimulen la economía. Pero, al mismo tiempo, una vez más quedará en evidencia, que las naciones dependientes seguiremos sufriendo el efecto negativo de la crisis y financiando los descontroles norteamericanos.
Esta es una crisis de coyuntura, es una crisis cíclica propia del capitalismo y sus contradicciones. La información controlada deforma sus efectos, llamándola turbulencias de la economía mundializada.
UNA CRISIS HISTORICA DEL CAPITALISMO.
Pero más allá de la crisis de coyuntura, en la profundidad del modo de producción dominante, se hace cada vez más evidente una crisis histórica del Capitalismo: la incapacidad del sistema para resolver los problemas vitales que hoy afectan a la humanidad. La ideología neoliberal y la mundialización de la economía no ha hecho más que agravar las contradicciones.
El ambiente que cobija a los seres humanos, está siendo destruido por la explotación irracional de los recursos naturales. El estímulo de las ganancias ha oscurecido la visión del desastre. Ya no se trata de una decisión a futuro de un ecologista visionario; es una urgencia a resolver con compromisos a partir de ahora mismo.
El crecimiento descontrolado de la población amenaza con el hambre, las enfermedades, la degradación y la muerte a las mayorías miserables. África, América Latina y el Asia son ejemplos de ésta catástrofe que se pretende disimular con la caridad organizada para unos pocos.
La guerra contra el terrorismo, organizado por Bush y su camarilla reaccionaria, junto con perseguir el sueño mesiánico de imponer normas a la manera norteamericana por medio de las armas y el terrorismo de Estado, han terminado por violar los Derechos Humanos y la democracia tradicional proclamados por los EEUU. La guerra en Irak, iniciada con una mentira impúdica, es una demostración de como por medio de las armas y el terror se mata, se tortura y se controla a una nación. Al mismo tiempo, ha quedado demostrado como la resistencia de un pueblo hace inútiles esas armas y ese terror.
Se suma a lo anterior las contradicciones extremas de la sociedad actual dominada por el mercantilismo neoliberal. Una minoría rica y una mayoría pobre. Desigualdad que se expresa entre las naciones y pasa por cada una de las sociedades nacionales.
Las manifestaciones más agresivas de estas contradicciones se manifiestan en la educación, la salud y el trabajo. Las reformas que los gobiernos asumen como medida de salvación nacional no son la respuesta adecuada a la magnitud del problema. Se evidencia que el mercantilismo es más poderoso que las supuestas buenas intenciones del reformismo. La pobreza extrema y la exclusión del trabajo junto con la delincuencia y la degradación de las drogas se hacen permanentes.
Esta crisis histórica del capitalismo nos plantea la necesidad de construir una sociedad distinta y una manera diferente de organizar a los pueblos.
Sin duda que el socialismo que propiciamos por ahora es una respuesta teórica y esquemática que sólo la realidad puede definirla como una tarea revolucionaria.
En la formación de la conciencia de la humanidad, después de las experiencias burocráticas del llamado socialismo real, han surgido nuevas manifestaciones de rebeldía y protesta. Las ofensivas y marchas contra el neoliberalismo y también, contra las instituciones tradicionales de la izquierda han recorrido el mundo actual.
En América Latina y el Caribe, se ha dado un paso de vanguardia, asumiendo el proceso revolucionario por la vía pacífica de la democracia, con la fuerza de la movilización social y una estrategia de transición, que partiendo de las necesidades más inmediatas, se proyecta en la transformación política económica y social del futuro.
Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua se adelantan. Cuba viene de antes. Argentina, Brasil y Uruguay son también parte de este proceso hacia la izquierda en América Latina y el Caribe. Y porqué no decirlo, Chile también, a pesar de la Democracia Cristiana y las camarillas de los partidos que administran el poder.
Se han recobrado las banderas del socialismo y de la unidad e integración de nuestra región. Nos recuerdan nuestros principios fundacionales como Partido Socialista.
Son pueblos que han asumido la creación de lo nuevo: una Constituyente para una nueva Constitución. Democracia que supera la democracia representativa con la participación y protagonismo directo del pueblo.
Las Misiones como movilización organizada para resolver las necesidades inmediatas de trabajo, educación y salud con la participación directa de los necesitados, ampliando el trabajo productivo con el trabajo como servicio social y cooperación. La propuesta de la Jornada de 6 horas es un primer paso en la inevitable redistribución de la oferta de trabajo.
La estructura del poder del Estado, con la necesaria centralización y sustentación en la base de la sociedad, se democratiza con la revocabilidad de los cargos, la periodicidad de las elecciones, los Consejos Populares, los Consejos Obreros, los Consejos estudiantiles.
La lucha contra la corrupción y el burocratismo, contra el sectarismo político y el dogmatismo. La práctica de una política activa y una conciencia crítica son parte integrada del proceso.
Los pueblos, en una reflexión silenciosa, con la solidaridad como puente, escuchan y aprenden de lo que está sucediendo en nuestra América.
El Socialismo surge así, no como una utopía o una esperanza, sino como una realidad para reconstruir la sociedad. Porque ser Socialista y ser de izquierda significa hoy, hacer la revolución con más democracia y socialismo para el Siglo XXI.
El futuro nos espera.
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viernes, diciembre 07, 2007
EL MUNDO
en
8:11 AM
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