miércoles, enero 09, 2008

OPINION

MEMORIA HISTÓRICA
Por: César Montúfar
La historia merece ser conocida y recordada para que no se la repita. Lo que estamos viviendo ahora, a pesar de sus especificidades y matices, lo hemos vivido antes. Las prácticas de irrespeto a la Constitución y a la ley; la prepotencia y abusos del Ejecutivo frente a las otras funciones del Estado, la creencia de que llegar a la Presidencia significa adquirir poderes omnímodos para declarar lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, es algo que Febres Cordero, Bucaram, Gutiérrez practicaron cuando les pareció conveniente. Febres Cordero, por ejemplo, se consideraba poseedor de las verdades absolutas y a todo aquello o aquellos que se le oponían los calificaba de “antipatria”. Así persiguió a sus adversarios, despidió a funcionarios de carrera que no le eran obsecuentes; permitió ejecuciones y torturas; aduló y politizó a los militares y policías. Pero no solo eso, su Gobierno y otros caotizaron las finanzas públicas a través de entregas discrecionales a clientelas; instrumentalizaron la legalidad y la adaptaron a los intereses presidenciales; pusieron a su servicio la maquinaria estatal, convirtiéndola en arma de venganza y persecución política.Mi punto es que este pasado no debe repetirse. Y mi preocupación es que, no obstante las diferencias ideológicas y de contexto, existen demasiadas similitudes entre lo que ocurrió en el lapso gobernado por León Febres Cordero y el presente. Por ello, es necesario recuperar la memoria histórica y, como país, evitar que el pasado vuelva a destruirnos.
Sí, en la presente coyuntura, reina un Presidente, que a pesar de su distinta ideología, intenciones e intereses, está generando un tipo de relación entre Ejecutivo, ciudadanía, medios, empresarios y otros actores en un patrón muy similar al febrescorderismo. E, igual que él, justifica sus actuaciones y abusos con el ardid de que el proyecto de transformación que encarna está por encima de la Constitución, la Ley y la misma dignidad de las personas, incluidos sus colaboradores. A quienes no se convencen de aquello, solo les pido hacer memoria de lo que ocurrió en el Ecuador entre 1984 y 1988. Las diferencias importantes entre Febres Cordero y Correa no pueden ser pretexto para avalar que el Ecuador funcione como un feudo subordinado a la voluntad presidencial. No vale el argumento de que como soy de izquierda, justifico en todo al presidente de izquierda; peor, aún, el que si la derecha en el pasado hizo tal cosa, ahora la izquierda puede pagarle con la misma moneda. Sostengo que la izquierda no puede ceder un milímetro cuando de principios democráticos se trata. O la izquierda abraza sin concesiones la democracia y el respeto a los derechos ciudadanos o no es izquierda. Para eso sirve la memoria histórica. Sin ella, nos sujetamos a veleidades coyunturales sin aquilatar que, lo que en un momento dado se nos vende como nuevo, no es más que un burdo reencauche del pasado, un agrio y mohoso pan guardado.Y la historia nos demuestra que para construir la democracia, el fin no justifica los medios y que lo que empieza mal termina mal. Debemos rescatar la memoria y las lecciones de la historia para no caer en la trampa de que el “momento histórico” lo justifica todo.