jueves, febrero 14, 2008

AUTONOMÍAS

Sin miedo al separatismo
por Simón Espinosa Jalil

Aunque hablar abiertamente de separatismo en el país sigue siendo un tabú (y aparece como delito en el famoso artículo 128 del Código Penal, sobre el desacato), en cada marcha guayaquileña el alcalde de turno esgrime esa amenaza para hacer temblar a cualquier gobierno que se oponga a sus deseos.

Durante la última marcha, Jaime Nebot mencionó a Yugoslavia como posible destino apocalíptico para el Ecuador si el gobierno no respeta lo que él denomina autonomía de Guayaquil.

Sin embargo, la realidad es que la separación de esa ciudad no es, por el momento, más que un arma de chantaje sin fundamento, porque a los líderes guayaquileños no les conviene separarse, sino volver al modelo de “autonomía al andar”, que consiste en quitarle al Estado central la carne y dejarle el hueso.

Un país independiente, en cambio, obligaría a muchos oligarcas a hacer dos cosas a las que tienen alergia: pagar impuestos y honrar deudas. Solo así podrían financiar su nuevo estado. Al contrario, vivir sin cumplir con esas obligaciones solo es posible dentro de un país lleno de pendejos que asumen sin protestar los resultados de la evasión tributaria y el delito financiero.

En apenas nueve años, ese país se ha olvidado de que la crisis de 1999 fue originada en parte por esas malas costumbres de los mismos que ahora quieren salvarnos de la tiranía. Entre el impuesto a la circulación de capitales (original solución de Jaime Nebot para eliminar el impuesto a la renta) y las millonarias deudas impagas de muchos oligarcas protegidos por el poder, se desencadenó la peor crisis de nuestra historia. ¿Quién pagó por ella? Todos los ecuatorianos, en forma de inflación, devaluación y pobreza.
Por eso, aunque es correcto protestar contra los excesos autoritarios y estatistas de este gobierno, es un error mortal hacerlo de la mano de Jaime Nebot y los suyos, cuyo modelo autonómico solo puede funcionar en un puñado de ciudades a costa del resto del país.

Y, si tanto insisten con la amenaza separatista, se les podría recordar el caso de Checoslovaquia, país que demostró que una separación pacífica y sin traumas también es posible.