EL CUARTO PILAR DE LA MINERÍA
Por: Juan Carcelén F.
Más de doscientos mil millones de dólares hacen pensar a cualquiera, y ni el presidente Correa está vacunado contra tal tentación, por lo que no ha dudado en rever sus planteamientos conservacionistas del inicio de su gestión, cuando aunaba su voz con la del entonces ministro Acosta, sembrando de ilusiones a los sectores ambientalistas que apostaron al salvataje del Yasuní y a la erradicación de las trasnacionales mineras, entre otros tantos postulados que dejaron de ser protagónicos –pasando a ser agónicos- en su primer año de gestión.
Cifra tan descomunal no se la puede soslayar, más, si la comparamos con los escuálidos sesenta mil millonsejos despilfarrados en tres décadas petroleras que nadie acierta a saber dónde se perdieron y en qué manos cayeron.
Sin embargo, hay que reconocer las buenas intenciones que tiene el Presidente sobre el desarrollo minero.
Coincidimos con el propósito gubernamental de crear la Corporación Minera del Estado, que coadyuve a hacer realidad los tres preceptos proclamados por el Presidente como pilares sobre los que debe levantarse esta nueva era a la que ingresará indefectiblemente el Ecuador: máximo respeto al ambiente, inclusión de los habitantes de las zonas involucradas y una repartición equitativa de las utilidades que obtengan las empresas privadas con el dueño del recurso que es el Estado.
Buen prólogo, aunque le falta un cuarto pilar basado en la amarga lección que nos deja la triste historia del petróleo asolada por todas las plagas bíblicas, donde la corrupción y la traición a la patria impidieron su siembra y nos condenaron a ser simples exportadores per sécula seculorum.
Estamos a tiempo para estudiar y diseñar un plan de desarrollo minero que apunte desde el inicio a grandes objetivos nacionales que mejoren la calidad de vida de todos los habitantes, mediante la creación de industrias para elaborar y exportar la materia prima extraída del subsuelo.
Por segunda vez, el destino pone al Ecuador a las puertas de un futuro promisorio. El milagro perdido con el petróleo, debe ser ahora realidad.
Encontrar las causas de la estulticia petrolera, no sólo permitirá sancionar a los culpables, sino que sentará cátedra de lo que no se debe hacer.
(Fente: La Hora)
Por: Juan Carcelén F.
Más de doscientos mil millones de dólares hacen pensar a cualquiera, y ni el presidente Correa está vacunado contra tal tentación, por lo que no ha dudado en rever sus planteamientos conservacionistas del inicio de su gestión, cuando aunaba su voz con la del entonces ministro Acosta, sembrando de ilusiones a los sectores ambientalistas que apostaron al salvataje del Yasuní y a la erradicación de las trasnacionales mineras, entre otros tantos postulados que dejaron de ser protagónicos –pasando a ser agónicos- en su primer año de gestión.
Cifra tan descomunal no se la puede soslayar, más, si la comparamos con los escuálidos sesenta mil millonsejos despilfarrados en tres décadas petroleras que nadie acierta a saber dónde se perdieron y en qué manos cayeron.
Sin embargo, hay que reconocer las buenas intenciones que tiene el Presidente sobre el desarrollo minero.
Coincidimos con el propósito gubernamental de crear la Corporación Minera del Estado, que coadyuve a hacer realidad los tres preceptos proclamados por el Presidente como pilares sobre los que debe levantarse esta nueva era a la que ingresará indefectiblemente el Ecuador: máximo respeto al ambiente, inclusión de los habitantes de las zonas involucradas y una repartición equitativa de las utilidades que obtengan las empresas privadas con el dueño del recurso que es el Estado.
Buen prólogo, aunque le falta un cuarto pilar basado en la amarga lección que nos deja la triste historia del petróleo asolada por todas las plagas bíblicas, donde la corrupción y la traición a la patria impidieron su siembra y nos condenaron a ser simples exportadores per sécula seculorum.
Estamos a tiempo para estudiar y diseñar un plan de desarrollo minero que apunte desde el inicio a grandes objetivos nacionales que mejoren la calidad de vida de todos los habitantes, mediante la creación de industrias para elaborar y exportar la materia prima extraída del subsuelo.
Por segunda vez, el destino pone al Ecuador a las puertas de un futuro promisorio. El milagro perdido con el petróleo, debe ser ahora realidad.
Encontrar las causas de la estulticia petrolera, no sólo permitirá sancionar a los culpables, sino que sentará cátedra de lo que no se debe hacer.
(Fente: La Hora)



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