lunes, febrero 04, 2008

ECONOMIA

La crisis económica de EE.UU., en la mira de todo el mundo

Por: Joseph E. Stiglitz
Fuente: Premio Nobel de Economía, profesor de la U. de Columbia (Diario Clarín)

No sorprende la atmósfera sombría en el Foro Económico Mundial de este año. Quienes creen que la globalización, la tecnología y la economía de mercado resolverán todos los problemas del mundo se veían desanimados. Los que más críticas recibieron fueron los banqueros. Con la crisis de las hipotecas de alto riesgo, los desastres en muchas instituciones financieras y el debilitamiento de los mercados de valores como telón de fondo, estos "maestros del universo" parecían menos omniscientes que hace poco. También recibieron reproches los bancos centrales.


Quienquiera que asista a las conferencias internacionales está acostumbrado a escuchar los sermones que los estadounidenses dan a todos los demás sobre la transparencia. Pero en esta ocasión, los países en desarrollo no pudieron resistir la tentación de resaltar la hipocresía de tales sermones. Incluso hubo algo de alegría malsana en el ambiente por los problemas que vive en este momento EE.UU., aunque el regocijo fue moderado por las preocupaciones sobre el impacto de ese deterioro en sus propias economías. ¿Realmente EE.UU. le había dicho a los demás que invitaran a los bancos estadounidenses para que les enseñaran a hacer su trabajo? ¿Realmente Estados Unidos había hecho alarde de sus sistemas superiores de gestión del riesgo?


Los banqueros —y las agencias calificadoras— creían en la alquimia financiera. Pensaron que las innovaciones financieras podían de algún modo convertir las hipotecas malas en títulos sanos merecedores de una calificación AAA. Pero una de las lecciones de la teoría financiera moderna es que en los mercados financieros que funcionan bien, cambiar la apariencia de los riesgos no es suficiente. Si conocemos el precio de la crema y el de la leche descremada, podremos calcular el precio de la leche con un 1%, 2% o 4% de crema. Puede ser que se obtenga algo de dinero con el cambio de apariencia pero no los miles de millones que los bancos obtuvieron al disfrazar las hipotecas de alto riesgo con un valor mucho mayor al que realmente tenían.


Parecía demasiado bueno para ser verdad. Y en efecto lo fue. Peor, los bancos no entendieron el primer principio de la gestión de riesgo: la diversificación sólo funciona cuando los riesgos no están correlacionados, y las macro crisis (como las que afectaron los precios en el sector inmobiliario o la capacidad de pago de los deudores) afectan la probabilidad de impago de las hipotecas.


En Davos dije que los banqueros centrales también se equivocaron al juzgar erróneamente la amenaza de un declive económico y al no establecer un marco regulador suficiente. Tardaron demasiado en actuar. Dado que el efecto pleno de la política monetaria normalmente se siente en un año o más, los bancos centrales tienen que tomar acciones preventivas, más que reactivas.


Lo que es peor, la Reserva Federal estadounidense y su ex presidente, Alan Greenspan, pueden haber contribuido a crear el problema, al alentar a las familias a que adquirieran hipotecas riesgosas a tasas variables. Aseguraban a quienes se preocupaban por una burbuja inmobiliaria que, a lo sumo, había un poco de "espuma" en el mercado. Normalmente, el público de Davos apoyaría a los banqueros centrales. Esta vez, mi opinión recibió un apoyo de tres a uno en una votación que se celebró al final de la sesión.


Esta es la tercera crisis estadounidense en los últimos 20 años, después de la crisis de las cajas de ahorro y crédito de 1989 y la de Enron/WorldCom de 2002. La desregulación no funcionó. Los mercados sin restricciones pueden producir grandes premios anuales para los directores ejecutivos, pero no llevan, como si estuvieran guiados por una mano invisible, al bienestar social. Hasta que no logremos un mejor equilibrio entre los mercados y el gobierno, el mundo seguirá pagando un precio elevado.