ANALFABETOS SOCIALES
Antonio López Peláez - Profesor de Sociología de la Uned
La sociedad actual exalta un individualismo casi darwinista. Pero los desafíos de la vida no se plantean en términos exclusivamente individuales y cada vez hay más personas que tienen difi cultades para relacionarse, que no son capaces de resolver un confl icto, que no saben trabajar en equipo ni establecer lazos de solidaridad, que en caso de discusión eligen marcharse porque se ven incapaces de afrontar una bronca... Son los nuevos analfabetos, lso analfabetos relacionales
Los humanos somos seres sociales. Vivimos inmersos en relaciones sociales y es nuestra capacidad relacional la que determina nuestro éxito profesional y también, en gran medida, nuestra salud psíquica y física. Un gran porcentaje de los empleos se encuentran a través de conocidos y redes familiares y de amistad. Incluso hay quien valora más la agenda de contactos que el propio capital físico del que dispone una persona.
Podríamos suponer que, como seres sociales, las personas cultivamos nuestras capacidades relacionales como un activo estratégico de nuestra vida. Sin embargo, rodeados como estamos de una exacerbación constante de discursos neoliberales que transmiten que el éxito y la felicidad se obtienen al alcanzar metas defi nidas en términos individuales, nos encontramos con el fenómeno contrario: el individualismo extremo, el aislamiento en la vida real, la suplantación de la propia personalidad en internet, el cambio acelerado de las formas de producción, conocimiento y relación… Todo ello provoca un nuevo tipo de analfabetismo, el analfabetismo relacional, aquel que hace referencia a la incapacidad para relacionarse, resolver confl ictos y aprovechar oportunidades.
Si no saber leer y escribir fue siempre un predictor claro de exclusión social, y posteriormente el analfabetismo funcional, el dominar la lectura y la escritura pero sin comprender los mensajes, se convirtió en una nueva barrera para la inclusión social, hoy es el analfabetismo relacional la nueva espada de Damocles que pende sobre nuestras amistades, sobre nuestro trabajo, sobre nuestra pareja y sobre nuestra vida social. Podemos defi nirlo como la ausencia de habilidades sociales básicas que permiten una interacción social adecuada, una integración positiva con nuestro entorno, y afrontar y resolver tanto oportunidades como problemas.
La dificultad estriba en que no nos formamos para relacionarnos, para resolver confl ictos, para integrarnos y comunicarnos, para comprender y manejar nuestras relaciones con los demás. Y cada vez más, un número creciente de personas no sabe cómo recuperar sus relaciones (después de un divorcio, de un cambio en el puesto de trabajo y en la empresa, de un traslado a otra ciudad, etcétera), cómo integrarse de nuevo, cómo establecer amistades, complicidades y cómo trabajar en equipo. Prueba de ello es que el trabajo en equipo, la empatía, el liderazgo y la capacidad de crear cohesión en la empresa se han convertido en un tema recurrente en la formación de nuestros directivos, en asignatura obligada en las escuelas de negocio.
Hay diferentes tipos de analfabetos relacionales. Podemos clasificarlos según el ámbito en el que se desarrolla la interacción social y que establece unas reglas de juego determinadas para lograr la aceptación de los demás. Hay personas que no son analfabetas relacionales en el ámbito del trabajo, pero sí en su ámbito familiar, o viceversa. En este sentido, de forma muy general pueden proponerse dos grandes ámbitos en los que el analfabetismo relacional está causando estragos: el ámbito familiar (en el que aumentan las separaciones, los divorcios, los confl ictos entre padres y madres, y entre progenitores y descendientes…) y el ámbito laboral
El analfabetismo relacional es la consecuencia final de una ideología que entroniza el individualismo como eje de la vida social y que se expresa en un modelo de consumo en el que sólo existe el mercado, individualizando las prácticas, fragmentando y encerrando a cada persona en el sueño de la autosufi ciencia. Sin embargo, este modelo esconde una verdad amarga: el aumento de las desigualdades, de la soledad, del aislamiento, derivado de la imposibilidad de hacer frente solos a los retos estructurales, que nos pueden conducir al fracaso en nuestro estilo de vida, tanto individual como colectivamente.
Al no relacionarnos adecuadamente, nos aislamos y nos incapacitamos para aprovechar oportunidades y afrontar retos. Perdemos la oportunidad de ser nosotros mismos, de experimentar nuestra propia identidad. ¿Cómo podemos hacer frente a este nuevo fenómeno, a este nuevo reto en nuestras sociedades cosmopolitas? ¿Qué estrategias podemos articular para anticiparnos a los efectos del analfabetismo relacional?
En primer lugar, es necesario poner de relieve nuestra dimensión relacional, como un rasgo constitutivo de nuestra identidad. Es decir, mostrar la inconsistencia del mito del individualismo exacerbado, mito por otra parte difícil de sostener en la sociedad del consumo de masas, del marketing y de la moda. Uno debe tener siempre en mente que todas las experiencias básicas de la vida humana en torno a las cuales construimos dialógicamente nuestra identidad personal, como la amistad, la cooperación altruista o el trabajo en equipo, son experiencias que demandan la interacción con los otros, con el resto de las personas que también son sujetos de la vida social.
En segundo lugar, hay que lograr un adecuado conocimiento de la dinámica de la interacción social, mostrando la importancia de caracterizar los diversos modelos de interacción en los que nos hemos socializado, sus consecuencias sobre nuestra trayectoria vital y las estrategias que podemos desarrollar para potenciar nuestras habilidades sociales.
En tercer lugar, hay que difundir y aplicar dinámicas de grupo y dinámicas de acción social comunitaria en las que las personas, mediante la interacción grupal y comunitaria, puedan experimentar un proceso de enriquecimiento y potenciación de sus habilidades, utilizando técnicas adaptadas a la situación previa de los participantes.
En defi nitiva, técnicas de dinamización de grupos que se utilizan normalmente en másters de dirección de empresa, pero también en la práctica cotidiana de los trabajadores sociales y educadores sociales para recuperar y potenciar las habilidades de colectivos en riesgo de exclusión social.
En cuarto lugar, hay que establecer dinámicas específi cas de interacción social en internet, ya que en este nuevo medio se producen fenómenos de simulación, ocultamiento y suplantación de personalidad que son peligrosos para la propia identidad de los participantes, y que revelan sus problemas previos. Conviene no olvidar que en la red hay códigos de comportamiento implícitos - por ejemplo, el uso de las mayúsculas en los e-mails se identifi ca con gritar, alzar la voz o amenazar-, que hay que respetar para lograr una interacción adecuada.
En defi nitiva, el analfabetismo relacional es un nuevo reto en nuestras sociedades informacionales que se acentúa por la heterogeneidad de la población, el culto al individualismo feroz y la entronización del egoísmo como criterio moral. En este contexto, recuperar nuestras habilidades sociales es una condición necesaria para hacer posible un espacio de libertad y realización personal en la sociedad del siglo XXI.
ANALFABETOS RELACIONALES EN EL ÁMBITO FAMILIAR
Personas incapaces de asumir diferencias, críticas y puntos de vista diferentes al propio
Personas que no son capaces de exponer adecuadamente sus argumentos, ni diferenciar entre las opiniones sobre cuestiones concretas y las opiniones sobre la persona globalmente considerada. Por ejemplo, te dicen que no están de acuerdo contigo o con lo que dices, y piensas que te están atacando, o que no te consideran
Personas que no pueden establecer conversaciones, encontrar actividades comunes o ser solidarios con los demás
Personas incapaces de relacionarse con los demás como personas, reduciéndolos siempre al papel de padres o madres, hijos o hijas, o hermanos y hermanas.
ANALFABETOS RELACIONALES EN EL ÁMBITO LABORAL
Quienes presentan incapacidad para diferenciar lo laboral de lo personal, confundiendo los planos. Por ejemplo, quienes no saben mantener relaciones profesionales con personas de diferente sexo y generan comportamientos que buscan la relación física o amorosa, deslizándose en casos hacia el acoso.
Aquellos que no son capaces de afrontar retos que exigen trabajar en equipo, asumiendo la posición, respetando los liderazgos, y sabiendo introducir críticas adecuadas en el momento oportuno.
Quienes no saben generar vínculos de solidaridad y de aprecio con los demás trabajadores, reforzando su aislamiento.



0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada