sábado, abril 05, 2008

FAMILIA

Preembarque

Por Margarita Laso

La sala de preembarque se llena poco a poco de pasajeros. Es un vuelo ordinario Quito-Madrid y los presentes aquí han sorteado todos los obstáculos. Cruzarán el océano con papeles, algunos como fuerza de trabajo. Ecuatorianos mestizos e indígenas se han presentado a los mostradores con sus pasaportes y visas, con los pasajes que han podido costear. Quedaron afuera hombres y mujeres adultos, infantiles, sombreros y chales, trenzas, lágrimas.

Hay muchos niños y niñas en el salón. Algunos de brazos, otros de jardín, otros experimentados conocedores de las condiciones del vuelo. Guaguas que viajan solas, con identificaciones en el pecho, serán entregadas en el otro lado del mar. Muchos han estado visitando a su familia en su país de origen y van de vuelta a España.

Una pasajera juvenil cuenta que se reunirá con sus padres después de siete años de no haberlos visto, ahora que ya superó los 20 años. Otra piensa en regresar, pues ya compró una casa en el sur de Quito y quiere que sus hijos, uno de ellos español, terminen de crecer en el Ecuador. Pero también viajan los que ya labraron otros compromisos allá.

¿Cómo son las familias, núcleos-de-la-sociedad-ecuatoriana, hoy? Ciertamente no como la familia de osos (papá, mamá e hijo) que describe Ricitos de Oro. Nunca lo han sido en verdad. El índice de divorcios y abandonos habla de otras conformaciones nucleares. No se diga la realidad inobjetable de la emigración.

Madres solteras y sus pequeños, padres divorciados, abuelas a cargo de nietas, tíos y sobrinos, parejas homosexuales que cuidan de sus compartidos hijos, son familias verdaderas. Les unen vínculos de consanguinidad y amor, de afinidad, de elecciones difíciles.

Les une aquello que suele unir a las familias: la lucha por la sobrevivencia, la protección mutua, la esperanza de un futuro, el crecimiento espiritual, el enriquecimiento de la calidad de vida. ¿La construcción de un patrimonio? ¿El resguardo ante el infortunio, la enfermedad, la muerte? ¿El combate a la soledad? Todo esto. La solidaridad da forma a familias, cuyos miembros en medio de las tristezas y alegrías, la ausencia y las pérdidas, se reparten roles, se apoyan, se acompañan, se ayudan a vivir. Estos, los hechos. Estas, las familias que el Estado debe proteger.

En este preembarque, algunas pasajeras compran costosas rosas andinas, cuyas cabezas ostentan casi 7 centímetros de color deslumbrante. Cuando desplieguen con orgullo sus pétalos en otro continente, los emigrantes estarán de vuelta a sus labores. Así también la mayor parte de estos infantiles ecuatorianos y sus singulares familias. Ellos adquirirán otra entonación para hablar, más tarde tendrán, tal vez, otra nacionalidad, un pasaporte privilegiado, y, si logran vencer los avatares del racismo y la xenofobia, los beneficios que les asegura un estado laico entre los que está -y es muy importante- el libre ejercicio de sus derechos sexuales.

¿Por qué es tan difícil ver la realidad ecuatoriana? ¿Cómo alguien puede afirmar hoy que hay una sola forma de familia que defender? ¿Podría sostenerse esto en una Constitución? ¿Es que solo aceptamos a la familia Oso del cuento infantil, cuyo alimento devora Ricitos? ¿Por qué persistir en negar derechos a los homosexuales? Cabe decir que-algún-dios-ampare a las familias de la vida real, a las mujeres ecuatorianas, si vamos a depender de los sueños y emperros de nuestras Ricitos de Oro, que no quieren despertar de su intachable, inverosímil moral.

Fuente: Diario Hoy