domingo, abril 06, 2008

LAICISMO

EL NOMBRE DE DIOS

Por: Farith Simón

Parece que la mayoría oficialista ha decidido mantener la referencia a la “protección de Dios” en el preámbulo de la Constitución, luego de una breve disputa pública al interior del bloque de Alianza País, conflicto que incluyó el tema del aborto y las uniones de personas del mismo sexo. La intervención del Presidente de la República fue determinante para resolver estas discrepancias, que se saldaron con el compromiso público de la bancada oficialista, es decir, de la mayoría, de mantener la referencia a Dios, la protección de la vida desde la concepción y la protección a las familias (así, en plural) en la propuesta de Constitución.


Cada uno de estos temas convocaron diversos apoyos y rechazos, pero mayoritariamente los ecuatorianos, al menos eso decían las empresas encuestadoras, se pronunciaron por la mención a Dios, el rechazo al aborto y a las uniones homosexuales.




En apariencia, esta opinión popular inclinó la balanza en el sector oficialista; en otras palabras, parece que quien decidió fue el temor a que la oposición aproveche estos temas para movilizar masivamente a los votantes en favor del “no” en el plebiscito aprobatorio.

Siendo benevolentes podría afirmarse que simplemente Alianza País respetó a las mayorías. Los asambleístas escucharon al “soberano”, al pueblo. No hay nada que reprochar, pero un análisis más riguroso demuestra que se ha fallado a la verdadera democracia, ya que las mayorías no pueden resolver sobre la conciencia –que algunos llaman el fuero interno-, asuntos técnicos, los derechos humanos y las costumbres. En esta columna revisaré brevemente la mención a Dios, en el futuro los otros dos temas.

El Ecuador es un Estado laico; esto implica que el poder público debe guardar una posición de neutralidad frente a las convicciones de cada uno de nosotros –existen límites, pero deben estar prescritos en la ley cuando son necesarios para proteger la seguridad, el orden, la moral o la salud pública o los derechos y libertades fundamentales de los demás–, sin importar que seamos muchos o pocos los que profesamos una religión o una convicción laica.

Cualquier manual de filosofía política contemporáneo explica la razón: las cuestiones de conciencia –el llamado fuero interno– no se encuentran sujetas a negociaciones o acuerdos, se cree o no cree, por tanto el hecho de que en la Constitución se mencione a Dios no tiene ninguna incidencia en que las personas sean más o menos religiosas. Es igual de inocuo que en el instrumento se afirmara que Dios no existe, ya que una declaración así para quienes están convencidos de su existencia es irrelevante. Por medio de una ley no es posible crear o negar convicciones.

Un Estado laico es la mayor garantía a la libertad de pensamiento, conciencia y religión de cada uno de los habitantes del Ecuador. La neutralidad en esta materia es la única opción viable, a largo plazo, para que cada ciudadano y ciudadana organice su vida y la de su familia de acuerdo con sus convicciones. El pluralismo es un elemento fundamental de la democracia.

Fuente: Diario La Hora