TSUNAMI DE HAMBRE
Por: Nelly de Jaramillo
Cuando el mundo se enfrentó ante el aparente beneficio de cambiar los combustibles por el etanol como solución al calentamiento global producido principalmente por los carburantes, fue el comandante Fidel Castro quien visionario advirtió sobre las consecuencias fatales que dicho cambio tendría para la humanidad con el crecimiento del hoy llamado “tsunami del hambre”. Mucho más tarde vendría la decisión de la ONU de hacer frente a este fenómeno tomando en cuenta la opinión de los opositores a los biocombustibles elaborados con productos alimenticios.
Para entonces se había generado ya la subida de precios de los cereales especialmente el maíz en 37 países pobres entre ellos México, una situación de extrema gravedad. El maíz, principal alimento de la población mejicana, ha llegado a escasear de tal manera que el país se ha visto obligado a importarlo de Estados Unidos.
Países como Brasil están deforestando la Amazonía para sembrar caña de azúcar y convertirla en etanol, lo que generará más pobreza de la ya existente en ese país además de destruir los terrenos aptos para otro tipo de sembríos y la desmedida utilización de sus recursos hídricos para su producción, convirtiéndose en depredadores de otros países pobres como los del continente africano donde hombres, mujeres y niños mueren de sed por la absoluta falta de agua y las aves de rapiña se sientan a esperar detrás de los que huyen hacia los oasis que mueren porque nunca encontrarán.
Y es que la vida es agua y por consiguiente, la agricultura también. Y el agua empieza a escasear en todo el mundo, inclusive en el continente americano que ha tenido siempre las mayores reservas de este recurso. Por eso se ha dicho que las guerras del presente milenio serán causadas por la posesión y control de las fuentes de agua del planeta, la mayoría de las cuales se encuentran en el Tercer Mundo.
El Gobierno del presidente Correa ha diseñado un plan maestro que tiene como objetivo la distribución equitativa del agua que ha sido “privatizada”, además de que la Constitución establecerá el carácter de recurso público del agua, que, por tanto, de ningún modo podrá ser objeto de dominio privado ni de concesión a personas ni empresas particulares. Según el ministro de Agricultura Walter Poveda, se procurará el máximo aprovechamiento de los recursos hídricos beneficiando a una extensión de 40.000 hectáreas. Se tratará de que el costo de producción de los alimentos sea menos oneroso aunque fuese a través de un endeudamiento externo.
La ONU ha pedido a los países industrializados, es decir la comunidad internacional de países ricos, donaciones por 2.500 millones de dólares. Sin embargo el plan no contempla una moratoria de la producción de biocombustibles que está probado es una de las mayores causas de la crisis mundial, ni la creación de un mecanismo para controlar la especulación financiera de los alimentos en el mercado internacional, espera que las agrupaciones de campesinos y productores sean los grupos que lo exijan, porque ellos solicitaron la moratoria. ¡Qué manera más despreciable de lavarse las manos!
El Secretario General de la Organización para la Agricultura y Alimentación (FAO) ha dicho: “Debemos garantizar que los pequeños campesinos tengan el acceso adecuado a los recursos hídricos, a las semillas y fertilizantes”. Porque es hora también de revaluar la labor del trabajador del campo, el tiempo y esfuerzo empleados en la producción agrícola para la determinación de su “justo precio”, para beneficio de los productores directos y no solo de los intermediarios y comerciantes.
“El valor de las mercancías de acuerdo al tiempo invertido. Si se cambia el precio por el valor, la gente que ahora gana poco ganaría más, y las élites ganarían menos, dando paso a una sociedad más justa”, como explica Heinz Dieterich, creador del concepto de Socialismo del siglo XXI. He ahí nuestra única esperanza.
Fuente: Expreso
Por: Nelly de Jaramillo
Cuando el mundo se enfrentó ante el aparente beneficio de cambiar los combustibles por el etanol como solución al calentamiento global producido principalmente por los carburantes, fue el comandante Fidel Castro quien visionario advirtió sobre las consecuencias fatales que dicho cambio tendría para la humanidad con el crecimiento del hoy llamado “tsunami del hambre”. Mucho más tarde vendría la decisión de la ONU de hacer frente a este fenómeno tomando en cuenta la opinión de los opositores a los biocombustibles elaborados con productos alimenticios.
Para entonces se había generado ya la subida de precios de los cereales especialmente el maíz en 37 países pobres entre ellos México, una situación de extrema gravedad. El maíz, principal alimento de la población mejicana, ha llegado a escasear de tal manera que el país se ha visto obligado a importarlo de Estados Unidos.
Países como Brasil están deforestando la Amazonía para sembrar caña de azúcar y convertirla en etanol, lo que generará más pobreza de la ya existente en ese país además de destruir los terrenos aptos para otro tipo de sembríos y la desmedida utilización de sus recursos hídricos para su producción, convirtiéndose en depredadores de otros países pobres como los del continente africano donde hombres, mujeres y niños mueren de sed por la absoluta falta de agua y las aves de rapiña se sientan a esperar detrás de los que huyen hacia los oasis que mueren porque nunca encontrarán.
Y es que la vida es agua y por consiguiente, la agricultura también. Y el agua empieza a escasear en todo el mundo, inclusive en el continente americano que ha tenido siempre las mayores reservas de este recurso. Por eso se ha dicho que las guerras del presente milenio serán causadas por la posesión y control de las fuentes de agua del planeta, la mayoría de las cuales se encuentran en el Tercer Mundo.
El Gobierno del presidente Correa ha diseñado un plan maestro que tiene como objetivo la distribución equitativa del agua que ha sido “privatizada”, además de que la Constitución establecerá el carácter de recurso público del agua, que, por tanto, de ningún modo podrá ser objeto de dominio privado ni de concesión a personas ni empresas particulares. Según el ministro de Agricultura Walter Poveda, se procurará el máximo aprovechamiento de los recursos hídricos beneficiando a una extensión de 40.000 hectáreas. Se tratará de que el costo de producción de los alimentos sea menos oneroso aunque fuese a través de un endeudamiento externo.
La ONU ha pedido a los países industrializados, es decir la comunidad internacional de países ricos, donaciones por 2.500 millones de dólares. Sin embargo el plan no contempla una moratoria de la producción de biocombustibles que está probado es una de las mayores causas de la crisis mundial, ni la creación de un mecanismo para controlar la especulación financiera de los alimentos en el mercado internacional, espera que las agrupaciones de campesinos y productores sean los grupos que lo exijan, porque ellos solicitaron la moratoria. ¡Qué manera más despreciable de lavarse las manos!
El Secretario General de la Organización para la Agricultura y Alimentación (FAO) ha dicho: “Debemos garantizar que los pequeños campesinos tengan el acceso adecuado a los recursos hídricos, a las semillas y fertilizantes”. Porque es hora también de revaluar la labor del trabajador del campo, el tiempo y esfuerzo empleados en la producción agrícola para la determinación de su “justo precio”, para beneficio de los productores directos y no solo de los intermediarios y comerciantes.
“El valor de las mercancías de acuerdo al tiempo invertido. Si se cambia el precio por el valor, la gente que ahora gana poco ganaría más, y las élites ganarían menos, dando paso a una sociedad más justa”, como explica Heinz Dieterich, creador del concepto de Socialismo del siglo XXI. He ahí nuestra única esperanza.
Fuente: Expreso



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