¡Huy!, educación sexual… Por Omar Ospina Circula al fin –con un retardo que ha permitido muchos embarazos indeseados e inoportunos con los abortos o malas crianzas consiguientes, y muertes prematuras de madres inmaduras, impreparadas para tan difícil cuanto exigente misión– una serie de folletos ilustrados que informan a los adolescentes acerca de sus funciones sexuales. Funciones cuya existencia, en términos placenteros y no solo reproductivos, ha sido negada, vituperada y estigmatizada por el cristianismo. Como si negando el hecho se eliminaran sus consecuencias. Ese tipo de ceguera tan común entre creyentes. He leído los folletos y los encuentro didácticos, informativos y adecuados para los chicos y chicas que se inician en la pubertad. No hay en ellos el menor asomo de incitación al sexo ni, menos aún, a la promiscuidad, como la hipocresía al uso quiere hacernos creer. Hay, sí, información. Y eso es lo que asusta a mentes obnubiladas por la desinformación en forma de catequesis. Pues les han vendido la idea de que hay que renunciar al derecho biológico al placer (el placer sexual, biológico e inmanente al ser humano porque está en su naturaleza; los otros son culturales, o sea adquiridos, aleatorios y elegibles), o reprimirlo a la espera de placeres tan infinitos y eternos como improbables, después de la muerte. Pero la vida es aquí y ahora. El placer sexual, derecho natural del ser humano, es controlable y hasta domesticable en aras del respeto al otro. No es cosa de ir por ahí proponiendo ayuntamientos a quien aparezca. Para eso están la información, la educación y las buenas maneras. Pero no es reprimible sin consecuencias psicológicas muchas veces fatales.
Toda esa energía que el ser humano alberga en su libido, requiere desahogo. Y ese desahogo puede ser el natural e inofensivo de las relaciones sexuales mutuamente aceptadas o el también natural pero trágico de agredir a los demás. Por eso es preferible hacer el amor y no la guerra como sugirieron con buen tino los hippies. Hay también el desahogo antinatural del sacrificio y la represión que conducen al martirio o a la santidad –y al fanatismo– pero que no es deseable por forzado e irracional, y que debe dejárseles a quienes tengan vocación de santos.
De manera que los tales folletos cumplen con una función informativa y educativa vital. Si queremos una generación de padres que eduquen a sus hijos con la verdad en aspectos sexuales, sin hipocresía moralista ni melindres religiosos, permitamos que nuestros adolescentes de hoy conozcan el sexo con sus posibilidades maravillosas, sus deberes y compromisos. Que no le tengan más miedo al placer que a la responsabilidad. Y eso se consigue con información. El enemigo no es el conocimiento sino la ignorancia, diría Perogrullo. Quien debería ser invitado a la Asamblea para ver si les logra quitar las telarañas mentales a las "guerreras de la fe".
Coletilla: El Ecuador es un estado laico. Ello debe constar en su Constitución, en la que no deben tener cabida imposiciones morales ni preceptos religiosos de ninguna iglesia o congregación pía.
domingo, junio 08, 2008
EDUCACION
en
9:31 AM
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