Religión y política Por Omar Ospina García La controversia entre Gobierno y jerarquías eclesiásticas en torno a la nueva Carta Política, la han ubicado estas en un terreno propicio a la religión pero, por ello mismo, alejado del humanismo y la democracia: el terreno de la moral religiosa, que no es baremo idóneo para fijar reglas de conducta. Por varias razones. Primera, porque para el cristianismo, derivado del judaísmo, la moral reside en la sexualidad mucho más que en el respeto al derecho ajeno o la vida de quienes no comparten sus creencias, no tienen ninguna o profesan otra distinta. No es necesaria comprobación adicional sino leer los libros sagrados y recordar las preocupaciones actuales: matrimonio, género, embarazo y aborto. Otra razón es que la moral no es propiedad de ninguna religión. La moral es anterior a la más antigua de las religiones, para encontrar la cual habría que ir mucho más atrás de los 2 000 años del cristianismo o los casi 6 000 del judaísmo. La moral nace cuando el ser humano -que lleva millones de años sobre la Tierra- encuentra necesario fijar reglas para vivir en comunidad y relacionarse con los demás. Es decir, no es necesaria la creencia en dioses ni la existencia de religiones para que el ser humano decida comportarse bien o mal. Fuente: Diario HOY
Es cierto que las religiones han contribuido a que esas reglas sean fijadas y atendidas. Pero no lo han hecho por el camino del convencimiento y el respeto a los demás sino por el deleznable del terror y la ambición. Para decirlo claramente, el judeo-cristiano o el islamita es proclive a seguir las reglas de su fe teniendo más en cuenta el castigo o el premio que la conveniencia ajena. La moral es un asunto de conciencia, esa voz interior que al ateo, al agnóstico y al increyente lo impulsan a obrar bien porque sí, porque vale la pena respetar al otro aunque sea para ganarse su respeto. Para el creyente, al decir del pensador usamericano Henry Louis Mencken, es esa voz interior que le dice: “Cuidado, alguien puede estar mirando”. O, para citar a Einstein: “Si la gente es buena solo porque teme al castigo o espera una recompensa, somos un grupo lamentable”. Porque eso no es moral ni es ética: es hipocresía interesada.
Hay mucho más que decir, y en buena hora la controversia por las relaciones Iglesia-Estado, que ojalá conduzca a la más importante de la necesidad y racionalidad de dioses y religiones, se ha puesto en marcha. Es decir, parece que vamos camino a la Democracia y a la libertad de pensamiento, no solo hacia la libertad religiosa. Buena cosa porque bastante daño han hecho y hacen las teocracias. Como dijo el dramaturgo irlandés Sean O’Casey: “La política ha asesinado a miles pero la religión ha asesinado a decenas de miles”.
Coletilla: El Gobierno llegó al poder con la bandera del cambio y la nueva Constitución. Está en su derecho de defender y promover su proyecto. Sus enemigos vienen haciendo campaña en contra desde hace más de seis meses. Resulta, pues, cínico e hipócrita que se critique al Gobierno por lo mismo que la oposición hace sin pausa y a diario.
domingo, agosto 17, 2008
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