PSICOTERAPIA, PERIODISMO Y CAMPAÑA ELECTORAL
Por: Lucrecia Maldonado
Oigo en la radio que han vuelto los conspicuos profesionales de la salud mental. Los que dictaminan sin examinar. Los que ven la foto de un personaje y le hacen el psicoanálisis de la parte del diagnóstico pero no les interesa para nada el tratamiento porque ya no les invitarían a los medios. Los que se permiten juzgar, descalificar y utilizar adjetivos por encima profesionalismo que predican y la actitud ponderada e imparcial que cualquier profesional de este tipo debería tener. ¡Son pilas! Hablan de tiranía, de megalomanía, de totalitarismo. Después mencionan, para meter miedo, a Hitler, Stalin, Pol Pot, Pinochet y Fidel Castro en la misma canasta. Ensayan tipologías. Formulan los diecisiete rasgos del tirano, pero luego dicen que no necesariamente tienen que tener los diecisiete. Ni siquiera diez. Ni siquiera siete. Basta con que tenga uno, o una parte de uno, y ya hay peligro. Y a veces también tienen características positivas, no crean. Ellos lo saben bien, pueden oler a uno a kilómetros de distancia. ¿Por qué será, ah?
Pero se muestran humildes. Solo hacen lo que tienen que hacer. Advertirnos de la hecatombe. ¿Cuál hecatombe? Está clarito. Pero ellos hablan in abstracto. Solo dan pistas, como en esos famosos juegos de ‘Adivine el personaje’. No se están refiriendo a nadie en concreto. Es por conversar con El Periodista, nomás, porque es un tema interesantísimo y a todos nos compete esto de la tiranía que por si acaso le toque a alguien cercano. Por ejemplo, un rasgo de los diecisiete puede ser haber dicho hace fú mismo apelativos que comiencen con H a alguien cuyo nombre comience con S (¡si tienen una memoria de largo plazo, vieran!). Pero ellos no se refieren a nadie en concreto, nooo, cómo van a creer.
Así como los curitas que no están a favor ni en contra sino todo lo contrario. Y que no van a hacer campaña sino a catequizar… por el ‘no’.
En un ámbito eclesiástico, para guardar la línea temática de hace semanas, podríamos decir que ese es uno de los pocos mandatos de Jesús que no se pasan por el forro: ‘Sean astutos como la serpiente’. ‘Catequizar’, hablar en abstracto de la tiranía que por ahí anda. Decir en un programa de televisión que, si no gana el Sí, no pasa nada, hay soluciones, y como dijo en alguna radio alguien, ‘el Presidente Correa se podría dedicar a aquello para lo que fue elegido: a ser Presidente’ y seguiremos con la Constitución del ‘98, la mejor Constitución del mundo… porque nos ayudó a regular la población del país echando fuera a un millón de personas. Pero así es la vida. ¿De qué se asustan? A nosotros nos ha ido bien, de ganita se quejan tanto.
Lamentablemente, vivimos en un país en el que la tiranía no está precisamente en donde estos bienintencionados prohombres de la política, la comunicación y la salud mental pretenden encontrarla (me recuerdan al cacho de ‘porque aquí hay más luz’), sino enquistada en los medios sin ética y en el desaforado interés por desinformar y tergiversarlo todo con tal de salirse con la suya… que, bien pensado, tal vez también les venga impuesta desde un siniestro arriba.



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