domingo, septiembre 14, 2008

LA MISA DEL OPUS



Por: Marcelo Medrano
Son lugares cerrados; hay puertas; generalmente, una principal frente al atrio. En la parte frontal del interior de las iglesias se encuentra el altar. Una iglesia define, de manera contundente, un interior y un exterior: la religión católica es una religión de espacios cerrados; nada de ceremonias religiosas en planicies o calles, o en plazas o parques. El catolicismo llama ‘casa de dios’ a ese lugar cerrado: un parque o calle o plaza no lo son. Sin embargo, hay fechas especiales en las cuales la iglesia católica se apropia del espacio público; tal vez la principal se refiere a la semana santa pues, si bien existen procesiones para otros santos, en aquella se exponen los símbolos mayores de la religión. Ya, ya; muy amable por esa información, pero vaya al grano, ¿no ve que tengo que asistir a las misas al aire libre que convocó mi monseñorcito Arregui?

Permítame. Los hechos de la semana santa respetan un argumento inamovible de mucho valor simbólico para usted, estimado lector: los pasajes de la Pasión del Cristo. Cuando las imágenes de los Cristos (sea el del Consuelo, en Guayaquil, o el del Señor del Gran Poder, en Quito) recorren las ‘estaciones de la penitencia’, usted tiene en mente los latigazos y las palabras, los dolores y las caídas del sacrificio del Nazareno, y el espacio público de la calle se empapa de ese significado, ¿lo recuerda ya? Imagínese, ahora domingo, recorriendo las calles de Guayaquil junto a ese Cristo del Consuelo despojado de ese significado penitencial, sin las ‘estaciones’: vaciado de ese sentido, ¿no sentirá algún saborcito desagradable en la boca? ¿Le contará sus sensaciones al señor Arregui?¿Cree que a él le interese aquello?

Bueno, esteee… pero mi monseñorcito organiza todo para defender la paz y la vida y la familia, ¡que están amenazadas por la nueva Constitución! ¿En serio cree todo eso, apurado lector? Primero, baste recordar que quien organiza ‘todo’ es la jerarquía de la iglesia católica, jerarquía estrechamente vinculada al opus dei. Así que cuando vaya a esta misa de hoy domingo, asistirá a la misa del derechista opus dei. Y escuchará al señor Arregui, que también pertenece a ese grupo, ¿no lo sabía?

Segundo. Una Constitución no es solo un conjunto jurídico de propuestas e ideas; es, también, un conjunto de relaciones políticas que existen en una sociedad y que presionan para ser tomadas en cuenta. Así que cuando usted, o yo, o el señor Arregui, habla de la Constitución, realiza una acción política y no moral, y si el Señor Arregui, usted y yo hablamos de la paz, la vida y la familia en la Constitución, estamos actuando políticamente.

Despojada la procesión del sentido ritual característico que usted conoce y apropiadas las misas del espacio público para discutir, aunque sea de manera camuflada, sobre la nueva Constitución, estaremos presenciando el espectáculo de un acto político. Acto político del opus dei que, usted, ingenuo lector, solemnizará con sus oraciones y su presencia.

El Telegrafo