jueves, septiembre 04, 2008

OPINION

YA SE VERÁ

Por:
Xavier Lasso

Eso es lo malo, lo dice mucha gente, que aparezcan los viejos y desgastados rostros, corruptos, responsables de la debacle, como auspiciadores del no. Y es verdad, por eso, para mí, todo momento electoral que sirva para enterrarlos un poquito más debe ser aprovechado, a pesar de que dicen que en política hasta los cadáveres caminan.Andan por ahí como si nada, gracias a nuestra frágil memoria. Hicieron de todo. Fueron los que apostaron, a las afueras de la Corte Suprema de Justicia, unas tanquetas para impedir la posesión de un juez que no era de ellos. Debían quedarse esos otros que luego nada dijeron, nada hicieron ante tanta violación a los derechos humanos.

Por aquellas épocas, cuando la historia habla de cuartillos para torturas que quedaban al lado de sus despachos, sí existió un cura bueno que se la jugó por los más desprotegidos, como marcando diferencias: Leonidas Proaño, que lo recuperamos a 20 años de su muerte, a dos años de celebrar el centenario de su nacimiento, revive para recordarnos a esa otra Iglesia cuya opción preferencial son los pobres. Pero penosamente aun divisamos, en la otra orilla, espantosa, los que descaradamente se sirvieron de los dineros públicos. Que le metieron mano en los bolsillos de casi todos los ecuatorianos.

Previamente diseñaron unas leyes que debilitaron los controles al sistema financiero. Aunque propusieron una Constitución dizque para impedir que el Estado malgaste sus recursos concurriendo a salvarlos por sus malos negocios, introdujeron una transitoria que abrió las puertas, de par en par, para que por ahí fluyan montañas de billetes que, beneficiando a unos poderosos, sacrificaban inversión social.

Gente así llegó al poder, respaldada por el pueblo que creyó ver en algunos de esos rostros mimetizados la salvación. Ni bien instalados en Carondelet traicionaron a sus electores, pactando con los de siempre. No fueron apóstatas porque en realidad carecieron de principios, fueron audaces y nosotros temerarios, porque jugamos irresponsablemente con nuestra propia suerte, les dimos el poder. Se hicieron ricos, llegando a exhibirse descaradamente con todo lo mal habido. Mientras la miseria era lo único que cubría, con frío, con hambre, a la mayoría. Así nos hemos pasado desde mucho antes del llamado retorno democrático.

Ahora, cuando los espacios se han achicado, sin que sea fácil defender una posición propia, puedo decir que luego me haré cargo de las aberraciones que muy probablemente tendrá el poder actual. Mientras tanto lo principal, solo en este punto de nuestra corta historia, es cortarle el paso a los que nos vuelven a traer ese anacrónico discurso: falso, descarado, miserable, feo. No pierdo de vista ese pasado, lo que no quiere decir descuidar el presente.