Por: Fernando Cornejo León
La alianza tácita (o no tanto) de un sector del movimiento indígena (Conaie) con la rancia oligarquía, sacralizada en los encuentros de sus líderes con los de la Junta Cívica de Guayaquil, nos da cuenta de cómo se configura el proyecto de oposición al Gobierno Nacional.
Se busca conformar un bloque grande y heterogéneo en donde diversos grupos de a pie sean carne de cañón y sus líderes sepan repetir las frases de la derecha ecuatoriana con un acento diferente para que suene más amplio y progresista.
El objetivo de la oligarquía representada por ahora por los señorones de oloroso abolengo de la Junta Cívica de Guayaquil siempre fue el de generar una fragmentación en el país que les permita independizarse o manejar el feudo a su antojo. La pregunta del millón es ¿cuál es el proyecto que maneja la dirigencia indígena y qué similitudes tiene con el de la derecha?
El modelo de estado pre-Constitución 2008 era de lo más funcional para quienes manejaban feudos o cacicazgos de diferente índole, no había planificación estatal, la plata se repartía de acuerdo a las componendas y al nivel de presión de los grupos de poder fáctico. Cuando se empieza a planificar desde el Estado y clarifica las competencias de cada actor se les cae la forma de medrar del Estado Central al que tanto critican. Ahí está la causal de tanta reacción.
El modelo de país que piensa la CONAIE parece no ser tan diferente al que beneficiaba a otros grupos mencionados, la frase dicha por el señor Delfín Tenesaca (Ecuarunari) con respecto a la Ley de Recursos Hídricos es sumamente clara: “No es justo que el Gobierno tenga todo el poder de decisión”. Conaie y compañía defienden un modelo en donde cada Junta de Agua en manos de los dirigentes de siempre hacía su agosto a costa de los campesinos que estaban literalmente privados del recurso natural. Un modelo planificado y con autoridades que regulen y planifiquen el futuro de tan preciado recurso también derrumba ciertas funciones clientelares locales y otros mecanismos que históricamente permitieron que el agua esté en control de determinados sectores.
Ahora es entendible la alianza entre la CONAIE y la derecha. Sus formas de ver el país como pequeñas parcelas en las cuales cada quien lucre conforme le venga en gana son similares y nada tienen que ver con las políticas de un gobierno que piensa que desde una planificación técnica y plural basada en un Plan Nacional de Desarrollo.
En democracia toda coincidencia es posible y digna de celebrar, los modelos excluyentes que defienden ambos grupos les hace compartir causas de lucha en contra del Gobierno Nacional, no hay motivo por el cual no levanten juntos sus banderas, pero es fundamental que lo realicen con transparencia y sin ocultarse en pretextos vanos y trillados como una defensa a la ecología que nadie les cree después de la demostración de que altos dirigentes indígenas son socios de mineras a las que tanto criticaban.
Muchas veces creímos en la ingenuidad de la CONAIE que cayó en manos de Gutiérrez otras tantas mantuvimos que fueron fácilmente usados por grupos de poder ante la pureza casi virginal de su dirigencia, ahora estamos convencidos de que el cuento no va más, que los único usados y de mala manera son las bases a quienes se les manda a defender un modelo excluyente y basado en la repartición inequitativa de lo que es de todos.
Los aplausos de la oligarquía y sus voceros no hacen más que reafirmarnos en nuestros conceptos.
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