viernes, julio 09, 2010

Notas sobre lenguaje: Presidente o Presidenta.

Por: Mauricio Alvarado-Dávila

Últimamente, ha circulado en Internet un mensaje que busca convencernos con argumentos ideológicos de que el sustantivo presidenta no es más que un “absurdo feminismo”, producto de la corriente izquierdista que ha soplado los últimos tiempos en Latinoamérica, y hace además un análisis simplón que pretende ser gramatical y que no pasa de un apriorístico repaso a normas mal citadas.

En primer lugar, debe aclararse que las reivindicaciones de género, si bien han revolucionado al mundo, no son “de izquierda”, sino que se han venido dando progresivamente desde hace más de 100 años, en relación directa con el afianzamiento de la incursión de la mujer en áreas que antiguamente eran sólo para varones. Doctora, psicóloga, arquitecta, médica..., cajera, son palabras que no tenían antes forma femenina, y hay algunas que, incluso, arañan hasta hoy nuestro tímpano cuando las escuchamos. Pero esto es sólo por la costumbre.

Pero este tipo de precisiones se deben hacen desde lo estrictamente técnico-gramitical. Así, podemos aportar que, entre las palabras conocidas como participios activos y que terminan en -nte, hay las que son adjetivos (cantante: que canta) y las que son sustantivos (cantante: persona que canta por profesión). El participio activo del verbo atacar, es atacante; el de sufrir es sufriente y el de presidir, presidente.

Entonces, como todo participio de presente latino, la palabra presidente fue en un inicio sólo un adjetivo, que servía para expresar la cualidad del sujeto pero, con el paso del tiempo, se convirtió en sustantivo, es decir, en el sujeto mismo. Es así que al sustantivarse, o sea, al convertirse en sujeto, existe la posibilidad de que se le dé la característica morfológica propia del género, que es usualmente el cambio de la última letra, aunque dicho cambio no siempre sea de nuestro agrado (imagínense ¡“cantanta”!).

La evolución del lenguaje, de los lenguajes y de los idiomas hace que se incluyan o se excluyan términos, que se inventen o que muten palabras, y estas cuestiones no nacen de la normativa en sí ni del mero análisis gramatical, sino de las prácticas y los usos de la gente. Y fue la Real Academia Española la que, tomando en cuenta los usos y las necesidades de los hispanohablantes, la que incluyó el vocablo presidenta en su Diccionario... por medio del análisis gramatical y social y sin necesidad de haber recurrido a argumentos ideológicos.

Y debe quedar claro que una cosa que no es la Real Academia Española es ser izquierdista.

En conclusión, la palabra presidenta sí es correcta y está además incluida en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), que, en su vigésima segunda edición de 2001, dice:
presidenta. f. Mujer que preside. || 2. f. presidente (|| cabeza de un gobierno, consejo, tribunal, junta, sociedad, etc.). || 3. f. presidente (|| jefa del Estado). || 4. f. coloq. Mujer del presidente.

Por lo tanto, en cuestiones de lenguaje, de manera alguna podemos hacer caso a argumentos sin sustento técnico que no apelan más que a las pasiones ideológicas.

Esto no tiene que ver con desdoblamientos «artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico», como la cita de «niños y niñas» o «ciudadanos y ciudadanas», que tan poco aportan al discurso y se pueden obviar por el uso genérico del masculino.

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